No sé si habrás leído mi artículo anterior a este, en el que comenzaba haciendo referencia a la cena compartida con una pareja de Barcelona que habían estado viviendo en Nueva York durante más de quince años. “Quiero despertar en una ciudad que nunca duerme, y darme cuenta de que soy el rey de la colina…” cantaba el gran Frank Sinatra en referencia a la Gran Manzana; quienes hemos estado en Nueva York más de una vez hemos caído rendidos ante esa especie de vorágine seductora de una ciudad que te atrapa por su frenético ritmo, su cosmopolita vida, sus grandes avenidas y su espectacular arquitectura. Pero es una ciudad en la que no solo me gusta perderme cada vez que la visito por motivos laborales; Nueva York es también una ciudad a la que miro siempre muy de cerca al ser uno de los mejores indicadores “vivos” sobre el estado de la economía estadounidense… y, por ende, mundial.

Ya antes del ascenso de Joe Biden a la Casablanca, la economía estadounidense comenzó a mostrar fuertes signos de resurgimiento, creciendo a un ritmo del 6,4% durante el primer trimestre de 2021; un hecho que los expertos consideran la demostración de una fuerte expansión venidera, propulsada por la recuperación del consumo y el empleo, tras más de un año de impacto y freno. Y, en ningún otro lugar, esta tendencia es tan evidente como en la ciudad de Nueva York.

Justo esta semana, mientras repasaba la prensa internacional con un café, tras mi rutina deportiva matinal, tanto el Herald como el Post, se hacían eco de que los ciudadanos de Nueva York, están despertando cada día con una buena dosis de optimismo en el mercado de la construcción y las infraestructuras, aprovechando un interés cultural resurgente en descubrir nuevos restaurantes, nuevas experiencias y nuevas tiendas de tendencias; lo cual demuestra que Nueva York no está volviendo a ser como era, sino que está emergiendo mucho más fuerte y renovada.

Supongo que, como yo, has seguido las noticias internacionales durante estos meses pasados, en las que veíamos como Nueva York fue una de las principales ciudades del mundo que pasó de un boom prepandémico a un cierre total con consecuencias económicas de las que todavía, siendo realistas, no han logrado dejar atrás del todo. Pero, incido, todos los indicadores apuntan que van por un muy buen camino: la caída de contagios, el progresivo ritmo de vacunación, los billones de inversión del gobierno en rescate de negocios y de familias y la política acomodaticia de la Reserva Federal. Sin duda, son factores que coinciden en un mismo espacio-tiempo para impulsar un crecimiento récord de la economía estadounidense.

Pero no solo la prensa escrita se hace eco de ello; según he podido ir siguiendo en el canal online de la NBC, día tras día se habla de las mejoras significativas que se están realizando en toda la infraestructura de la ciudad. Una ciudad que, actualmente, se siente viva y vibrante, gracias en gran parte a todas las importantes inversiones realizadas durante los últimos 15 meses. Además, la Fase 2 del Metro de la Segunda Avenida, el Proyecto del Túnel Hudson y la reconstrucción en curso del aeropuerto LaGuardia son algunos ejemplos de los principales proyectos que lograrán aportar dividendos a las arcas de la ciudad en pocos años.

No puedo evitar realizar el ejercicio de pensar y teorizar sobre si esta realidad tendrá un efecto tsunami contagiando a otras grandes ciudades y sirviendo de inspiración a las grandes ciudades españolas como Barcelona, Madrid o Valencia. Y, por supuesto, intento sumergirme dentro de todo este marco global, con la finalidad de analizar como afecta esta recuperación al sector del Real Estate. A este nivel, he podido comprobar cómo, en el sector privado, se está realizando grandes inversiones en bienes raíces, y los préstamos inmobiliarios en Nueva York están disfrutando de nuevo de una gran demanda. Ya sea comprando nuevas propiedades o invirtiendo en las existentes, los inversores aprovechan rápidamente la oportunidad de recuperar su ciudad de una manera nueva pero mucho más sólida.

Entre mis numerosos defectos, está el de ser un friki tanto de la historia como de la investigación; y es este mismo conocimiento (poco aplicable en mis interacciones sociales, más allá de amenizar una velada con datos y números) el que me permite teorizar positivamente sobre la profundidad y amplitud del impacto que las inversiones en Real Estate pueden tener en una ciudad como Barcelona, la cual, no solo los inversores y profesionales, sino toda su sociedad, desea también vivir y disfrutar con mucha más intensidad. Administrado correctamente, el gasto en infraestructura pública puede generar productividad entre consumidores y empresas, viéndose reflejado en un aumento del PIB e incluso del empleo.

Adoro Nueva York, no lo voy a negar, pero deseo fervientemente que el suyo no sea un modelo al que poder recurrir cuando hablemos de ‘best practices’ en economía, sino uno de los seísmos que marquen la gran capacidad de resilencia que tenemos en nuestras ciudades. Y soy consciente del gran trabajo que tenemos por delante y de los muchos obstáculos a superar; pero, en un periodo en el que muchos continúan mostrando aprensión, el resto tenemos que ser capaces de descubrir ante nuestros ojos las oportunidades existentes para que las empresas aprovechen este reinicio. La capacidad de adaptación del sector del Real Estate, junto a una mayor dependencia digital entre los usuarios y las empresas, ha dado como resultado un nuevo entorno de niveles establecidos, que crea un caldo de cultivo ideal para la innovación. Además, como dicen en Nueva York, "Si puedes hacerlo aquí, puedes hacerlo en cualquier lugar...".

David Granell Moreno
CEO

 

New York, el regreso de una ciudad más resilente y fortalecida